martes, 18 de agosto de 2009

MOTIVACIÓN - Óscar Mayoral

Muchas veces nos tenemos que dar cuenta que para el jugador es muy importante tener motivación en los entrenamientos y partidos, de esa forma está asegurada su continuación en el equipo, y nos evitaremos posibles problemas de desánimo y malestar en la plantilla. Para éllo es importante que los entrenadores cumplamos una serie de objetivos a lo largo de la temporada, y que seamos en todo momento conscientes de que estamos tratando con personas, algo que no se ha de olvidar para así mejorar el rendimiento del “deportista-persona” y llegar a entender todas sus dudas y problemas.

Evitemos que nuestros jugadores se decanten por el EGO antes que por la solidaridad en la enseñanza y posterior aprendizaje del baloncesto.

Si se decantan por el EGO, puede ocurrir que el jugador sea competitivo, con un gran rendimiento en el deporte, que venga con muchas ganas a los entrenamientos, de actitud adaptativa, pero negativa para el grupo. Con esta opción, serán muy pocos los jugadores que consigamos se sientan cómodos dentro de la plantilla.

Valoremos el esfuerzo. Podemos ganar o perder un partido, pero siempre dando el máximo de nosotros mismos. Se puede ganar un partido de 50 y no haber conseguido nada positivo, pero se puede perder un encuentro y haber mejorado en otros aspectos, tanto técnicos, como tácticos o mentales.

Debemos de mantener siempre una comunicación directa con nuestros jugadores. En nuestros entrenamientos debe de reinar siempre la variedad, marcarse objetivos a corto y largo plazo, explicar siempre para qué sirven los ejercicios, cual es la función de cada uno y qué se busca conseguir con ellos.

Evitemos la discriminación y el menosprecio. Expresiones tales como “¿quién no ha metido ninguna?”.

Borrar las metas inalcanzables.

Nunca decantarnos por un jugador públicamente, que nadie se sienta el mejor del grupo, nunca premiar siempre a los mismos, y si lo hacemos, procurar que sea en privado.

En el momento de diálogo con los jugadores, no precipitemos nuestras explicaciones y menos en un parón del entrenamiento o un momento de toma de agua, ya que no están centrados al 100%.

Siempre mostraremos seguridad, convicción y firmeza en nuestras charlas con los jugadores. Nuestra conducta como entrenador sobre el grupo, debe ser ejemplar. Para ello mostraremos siempre un respeto enorme al jugador.

Tendremos sentimiento de pertenencia al grupo, siempre con entusiasmo.

Conoceremos a los jugadores por su nombre lo antes posible.

Seremos receptivos con los jugadores, logrando siempre entender sus preguntas o sus temas.

Hablaremos con ellos sobre temas no ligados al equipo, como los estudios, amigos…

Siempre saludar y despedirse de los jugadores, recordar fechas de cumpleaños…

Entre todos podemos ser mejores, porque no solo se aprende del más bueno, sino de todo el Mundo.