Dicho y hecho, acepté gustoso y me puse manos a la obra. Me quedé frente al teclado, tratando de recordar algún momento que pudiera usar para acabar hablando de lo que se supone significan este tipo de torneos. Un premio, un reconocimiento, un golpe de suerte. Si os soy sincero, no encontré ninguno. Estaba cometiendo un error garrafal, y era el intentar aislar la media semana que duró el sector de la temporada entera que lo precedía. No puedo separar una cosa de la otra, por lo que el artículo que sigue debe abarcar una temporada entera, y entonces, cuando estéis puestos en antecedentes, comenzar a hablar de lo que supuso el sector, colofón de 8 meses increíbles.
Si no os importa, comenzaré por presentarme.
Soy
Andrés Membrado, amante de este deporte y afortunado jugador del mismo en el C.N. Helios. ¿Por qué lo de afortunado? Muy sencillo, por haber podido formar parte de un club en el todavía priman los valores del esfuerzo, del sacrificio, del sentimiento de equipo, y, por encima de todo, por haber podido llevarlos a cabo en compañía de gente increíble.
Abramos ya con el tema.
Temporada 2008-2009, ahí estábamos, el primer día de entrenamiento, los nueve de siempre, Adri, Jose Carlos, Artús, Luisete, Marcos, Samu, Curros, Tello y yo. Después de una

primera temporada en la categoría bastante dura, no teníamos otra cosa en la cabeza que el sacarnos la espinita de un mal año. Teníamos cinco tíos enfrente, Paquito, Hugo, Rodrigo, Antonio y Óscar, que entreban a formar parte del equipo. A todos nos pasaron las mismas dudas por la cabeza “¿Qué tal nos irá con el entrenador nuevo?”, “¿Como será este tío?”. Bastaron un par de semanas para disiparlas todas. Hugo, Fran y Rodrigo se metieron rápidamente dentro del grupo, y tanto Antonio como Óscar dejaron patente que, fuera de ser dos grandes entrenadores, eran dos tíos cojonudos.
Como veis, la (pre)temporada no podía empezar mejor. En la cancha, todos dábamos lo que se pedía de nosotros. Fuera de ella, disfrutábamos como el que más. Fue en este momento cuando empezamos a hablar del sector,y del campeonato de España. Éramos conscientes de la oportunidad que teníamos, y no dudo que aquello no hizo otra cosa que motivarnos mucho más de lo que ya estábamos.
Resumiré un poco bastante toda la parte referente a la temporada en sí misma, que no es cuestión de aburrir al personal. Como todos los que pertenecemos al mundillo sabemos, esta es muy larga y a los baches son constantes. En la cancha, tuvimos momentos buenos y malos. También fuera de ella. Y aunque suene a tópico, no fue otra cosa que la fuerza del grupo, el apoyo entre nosotros, lo que nos ayudó a superarlos, y continuar hacia adelante. Así pues, pasamos de perder en casa contra el Salvador a lograr ganar al CAI en la suya, y logramos convencer a un compañero para que acabara el año con el equipo, que casi deja por motivos escolares. Los 14 componentes del equipo logramos, gracias a la fuerza del conjunto, que nadie se descolgara, que todos nos sintiéramos partícipes de los éxitos del mismo. Que todos disfrutáramos y remáramos en la misma dirección. Lo más importante, sin duda, fue que se logró que nos diéramos cuenta de que, todas las semanas, teníamos un rato para olvidarnos de todo, centrarnos en el baloncesto, y disfrutar, disfrutar con otros 13 compañeros como nosotros. Y así, entre todos, fue como conseguimos llegar a tope al tramo final de la competición, a la Final a Cuatro de Utebo.
Allí, el objetivo que todos teníamos en mente, a un partido de nuestra mano. No desaprovechamos la oportunidad. Vencimos en la semifinal al equipo “local”, logrando el pase a la final. En ella, nos esperaba un CAI, al que habíamos ganado en temporada. Lo dimos todo. Peleamos cada balón, cada rebote, cada posesión. Al acabar el partido, fuimos el equipo más feliz sobre la cancha. Perdimos, sí, pero habíamos luchado, habíamos disfrutado, y habíamos cumplido el objetivo. Teníamos ese pase para el sector.
(Antes de hablar sobre el sector, me veo obligado a hacer un pequeño recordatorio negativo, pues uno de nosotros no pudo venir, por las fechas de exámenes en las que nos íbamos. Una auténtica lástima, pues este año ya dejó el baloncesto y habría sido una despedida fantástica...bueno, continúo)
Me acuerdo del día que salimos. Habíamos quedado a las 3 en Helios, para ir hasta Puig-Cerda en unas “furgonetas”. En el ambiente no había otra cosa que ilusión, alegría. El viaje fue larguísimo (casi 6 horas hasta que llegamos), pero esto casi nos animó más. En las furgonetas vivimos una auténtica fiesta. Más aun cuando una de ellas se confundió de camino y llego una hora y media más tarde a la residencia....lo cual tiene más gracia si decimos que en esta furgoneta iba Óscar Mayoral, acérrimo culé, y que los noventa minutos extra de viaje le hicieron perderse la final de la Champions. La cosa, como veis, no pudo empezar mejor...
Antes de entrar en el tema, nota explicativa. La competición. El torneo consistía en dos grupos de cuatro equipos:
Grupo A: San Cernín de Pamplona (1º Navarra), La Salle de Palma, Joventut de Badalona (1º Catalunya), y nosotros.
Grupo B: Cornellà (2º Catalunya), Easo de San Sebastian (1º País Vasco), Clavijo (1º La Rioja) y FC Barcelona (3º Catalunya)
entre los cuales se jugaba una liguilla. Los dos primeros de cada grupo hacían una final a 4, en la que los tres primeros clasificados obtendrían el pase al campeonato de España. Ya que estábamos allí, íbamos a ir a por todas. Si ganábamos a La Salle y a San Cernín pasaríamos a la segunda fase.
El primer día perdimos por un ajustado 105-98 ante un gran La Salle (nos metieron 13 triples, uno de ellos en el último segundo desde mediocampo). Decíamos adiós a nuestras opciones de clasificación para la segunda fase. Tocaba el Joventut al día siguiente (95-61), para acabar la competición con la victoria ante San Cernín por 30 puntos (95-65). Salimos con una sonrisa de oreja a oreja, no pudimos hacer más en ningún partido, y el puesto era lo de menos (la clasificación final fue Joventut-Easo-Barcelona-La Salle, quedándose nuestro amigos de Mahón fuera del campeonato, para el que quiera saberlo). La verdad es que durante nuestra estancia en Puig-Cerda las dos horas de partido por las mañanas eran algo secundario. Nos dieron mucho más juego las otras 22 horas restantes.
Los cinco días que duró el sector se pasaron volando, como suele ser normal en estos casos. Eso sí, dieron para muchas cosas. Fueron de ese tipo de días sobre los que, de vuelta en casa, te dan para tumbarte sobre la cama y reflexionar. Imagino que aquellos que también lo han vivido saben a lo que me refiero. De pronto, te das cuenta de todo lo que ha crecido el equipo en esa media semana, creyéndose por fin lo bueno que siempre ha sido. Poco a poco, te vuelven a la piel muchos de los sentimientos vividos. Aquel de orgullo, cuando ves que te ganaste el derecho de perder por 30 ante el Joventut. Ese otro de satisfacción, cuando te das cuenta de adónde han ido a parar todas las horas de esfuerzo que te dejaste en los entrenamientos, y todo lo que han dado de sí. Ese tan simple, el de la felicidad. Muchos otros. El último que llega, la añoranza. Este lo hace diez minutos después, cuando tienes que abrir el libro de matemáticas para un examen de evaluación. Entre funciones exponenciales y logarítmicas, no puedes quitarte de la cabeza una de las partidas de guiñote, estelares duelos Adri y Paco contra Hugo y yo, y no puedes hacer otra cosa que meterte al tuenti y ponerle un “no tienes ni mierda en los pantalones” a cada uno.
Al final lo que queda es eso, por encima de partidos, de entrenamientos, de sectores, de temporadas. Queda el ver una puta foto y decir, con un orgullo que no te conocías, “Si señor, yo fui parte de este equipazo”.
Hugo, Adri, Jose Carlos, Artús, Paquito, Samu, Tello, Luis, Curros, Antonio, Óscar, Marcos, Rodrigo, gracias por una temporada, sector incluido, maravillosa.
Y a por otra igual. Que ya sabéis,
Somos Azules, Somos Helios.Andrés Membrado